miércoles, 16 de mayo de 2012


                                                                          La revelación



desperté una tarde lluviosa con el llanto desconsolado de mi familia, desesperado, Salí en busca de ayuda, sin darme cuenta, cruce la calle, cuando se avecinaba un inmenso camión, del susto me quede petrificado al centro de la calle, cerré los ojos, esperando mi fatídico final, pero sin mas, el camión siguió su recorrido como si nada, atónito regrese a la casa, continuaban todos llorando, les hablaba pero no me respondían, ni siquiera notaban mi presencia. En el centro del salón había un ataúd. Me acerque desconcertado, esperanzado de que el difunto no fuera alguien cercano, al abrir el ataúd descubrí el motivo del llanto


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